| El Mejor Padre es Ambos Padres |
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Yamila Castellanos: “Sé que recuperaré a mi hija”.Por Catalina Plaza April 15, 2005 Source: http://www.cosas.cl/Index.aspx?fecha=2005/04/15 Confiada en que pronto podrá volver a ver a su hija Emeri, esta cubana relata cómo ha sido vivir una de las experiencias más dolorosas que una madre puede soportar: el secuestro de un hijo por su propio padre. Enviar Noticia A ratos sus ojos se enrojecen y se ponen cristalinos, su tono de voz baja y su mirada se vuelve esquiva, pareciera que Yamila Castellanos no quiere mostrar debilidad, sino solamente la fuerza interior que le ha permitido luchar por recuperar a su pequeña hija. Pero no hay caso: cuando la recuerda, esta mujer de 32 años inevitablemente se desvanece. Es que no hay, quizás, tristeza comparable a la de una madre que pierde a un hijo y menos si éste ha sido arrebatado por el hombre que alguna vez fue su marido. Esa es la historia de Yamila y su hija Emeri, quien fue sacada ilegalmente de Cuba por su padre Tsugunari Yamada y llevada a Japón. Hoy, además de estar lejos de su madre, la niña de 4 años figura en los registros como hija de Yukiko Ogane, la actual pareja del padre. Aun así y a pesar del año y medio que ha pasado desde el último encuentro entre madre e hija, Yamila está segura de que pronto podrán estar juntas nuevamente.
“Es difícil sobrellevar esto. Es una lucha de todos los días, pero es cosa de aprender a controlar la tristeza. Todas las mañanas me levanto con ánimo, pero hay días en que me es más difícil afrontar que estoy tan lejos de Emeri. Ni siquiera he podido hablar por teléfono con ella, porque Tsugunari no me lo permite”, comienza relatando Yamila quien, a pesar de estar viviendo una situación dolorosa, mantiene el optimismo y dice estar confiada en que las gestiones de la Cancillería chilena y del Sename, que interpuso una querella criminal en contra de Tsugunari Yamada, darán frutos. “Me entrevisté con el canciller y hay un grupo de abogados viendo el caso. No hay que abandonar la vía diplomática, porque se están vulnerando todos los derechos de mi hija, que es una ciudadana chilena menor de edad”, explica Yamila, quien en los próximos días viajará a Cuba para averiguar en qué condiciones salió Emeri de la isla, cómo sucedió y cuáles fueron las irregularidades que se cometieron. “Tsugunari Yamada tenía un poder amplio para viajar, pero estaba revocado y de eso tenía conocimiento el consulado chileno y el japonés. El Sename está preparando exhortos para Cuba y Japón. Se están llevando todos estos procesos simultáneamente. Por eso digo que hay muchos recursos por agotar todavía y que no he perdido las esperanzas”, sostiene. Además de la ayuda diplomática, Yamila cuenta con el respaldo legal de O’Melveny & de Myers, una firma norteamericana japonesa que tomó el caso pro bono tras enterarse de la situación por intermedio de una mujer que lo había leído en Internet. Matrimonio vía diplomática Cuando Yamila Castellanos conoció a Tsugunari Yamada, le pareció “un hombre encantador y atractivo”. Ella trabajaba en el Hotel Hyatt y su jefe los presentó. “Se veía muy serio, responsable y extremadamente atento”, explica Yamila, quien llegó a vivir a Chile a los 21 años. “Nos hicimos amigos y empezamos a salir. Ibamos a caminar o lo llevaba a lugares como el Mercado Central. Después de un tiempo empezamos a pololear y, al principio, era muy rico el tema del intercambio cultural. De todas maneras, yo me tuve que amoldar a su forma de ser y, por ejemplo, me acostumbré a que él no demostrara mucho sus sentimientos, aún cuando los cubanos somos todo lo contrario”, cuenta. Después de un tiempo de relación, Yamila y “Yoyo” –como los amigos apodan a Tsugunari Yamada– decidieron irse a vivir juntos.“Las cosas se empezaron a complicar cuando él se quiso casar. Me esforzaba por hacer las cosas como a ‘Yoyo’ le gustaban, pero nunca era suficiente, no tenía límites en sus exigencias. Los primeros meses siempre insistía en que quedara embarazada, pero cuando pasó, la situación se empezó a complicar. Me decía que para él iba a ser difícil explicar que tenía un hijo con una mujer cubana. Esa parte fue dura. Costó varios meses que él asumiera que Emeri iba a nacer; de hecho, él quería que yo abortara”, explica Yamila, quien en esos momentos ya había dejado su trabajo en el Hyatt y estudiaba en el instituto Manpower. “El asumió el embarazo como a los cinco meses, pero siempre haciéndome notar que todo lo que hacía, lo hacía por el bebé. Por ejemplo, si me hacía masajes, me decía que era para que la guagua estuviera bien. Era un tipo de relación donde él decía cosas muy terribles, pero después llegaba con regalos. Siempre me mantenía en ese péndulo. Recuerdo que una mañana, cuando estaba a punto de tener a Emeri, ‘Yoyo’ me dijo: ‘Por qué no me das el bebé. Va a tener rasgos asiáticos y es mejor que esté en Japón a que esté acá en América Latina’”. Cuenta Yamila que en esos momentos nunca imaginó que su marido podía quitarle a su hija. Así, en marzo de 2002, cuando Emeri tenía poco más de un año, Yamila y “Yoyo” decidieron casarse. No hubo una emotiva ceremonia ni un vestido de novia, sólo un par de firmas a distancia, intercambiadas a través del consulado. “Era todo muy raro. El planteaba que teníamos que casarnos porque era nuestra responsabilidad, pero al mismo tiempo yo me daba cuenta de que el matrimonio no cuadraba con la relación de pareja que llevábamos porque, cuando nació Emeri, empezamos a dormir en camas separadas”, explica Yamila. También relata que una vez firmados los papeles del matrimonio y, a pesar de la distancia, comenzó a notar el desinterés de su marido. Por ese motivo, ella decidió quedarse en Chile y no acompañar a su esposo a Japón. Al poco tiempo y pensando en su hija, comenzó a barajar varias posibilidades para que Emeri no creciera lejos de su padre. “Pensé en viajar a Japón a vivir con él, pero a ‘Yoyo’ no le pareció una buena alternativa, porque me dijo que yo no era una mujer para vivir allá. El tampoco quería venir a Chile, por lo que surgió la idea de que nos estableciéramos en Estados Unidos, porque él viajaba constantemente a ese país y, además, era una buena oportunidad para mí, porque iba a tener la posibilidad de trabajar y superarme”. “Todas las mañanas me levanto con ánimo, pero hay días en que me es más difícil afrontar que estoy tan lejos de Emeri. Ni siquiera he podido hablar por teléfono con ella, porque Tsuganari no me lo permite”, dice Yamila. Claro que “Yoyo” no quiso que Emeri viajara con Yamila y le aconsejó que dejaran a la niña en Cuba, al cuidado de sus abuelos maternos. A Yamila no le gustaba mucho la idea, pero finalmente accedió y pensando en la seguridad de la niña, firmó un documento otorgando al padre de Emeri o a los abuelos la posibilidad de salir de Cuba con Emeri en caso de necesidad. Este documento fue revocado mientras ella estaba en los Estados Unidos y Emeri aún permanecía en Cuba. Luego de un tiempo establecida en la casa de unos parientes, Yamila decidió que era el momento de que Emeri fuera a Miami a vivir con ella. “Llamé a ‘Yoyo’ y le dije que ya era hora de que Emeri viviera conmigo. El no estaba de acuerdo”, comenta Yamila, quien explica que le seguía consultando sobre sus decisiones “porque no quería hacer nada en su contra y, además, porque sentía que él como papá tenía derechos sobre Emeri”. “Vengo a llevármela” Días después de estas conversaciones, Yamila tuvo un mal presentimiento y llamó a su familia. ”Me contaron que ‘Yoyo’ estaba en Cuba y que se alojaba en la casa de mi mamá. Había llegado con regalos para ganarse el cariño de Emeri, porque ella no lo reconocía. Al principio, él no quiso hablar conmigo, pero cuando lo logré, me dijo: ‘Vengo a llevármela’. A mi mamá no le decía nada, pero a mí me seguía diciendo que se la iba a llevar. Estaba aterrada. Empecé a hablar con el consulado chileno en Miami y también con la oficina de intereses cubanos, porque en ese momento era muy engorroso para los cubanos entrar a la isla y el permiso se demoraba mucho tiempo. Al final, me arriesgué y viaje a Cuba el 19 de enero de 2003, pero fui detenida y retenida por tres días en el aeropuerto de La Habana. Una vez liberada, me enteré de que mi esposo había salido de Cuba con Emeri, el día anterior a mi llegada. Siempre llegué tarde”, reflexiona Yamila, argumentando que además la niña se encontraba hospitalizada en el momento en que “Yoyo” la sacó de la isla con destino a México. “Un familiar mío había aprovechado que ‘Yoyo’ no estaba en la casa para llevar a Emeri al hospital, porque se estaba comenzando a resfriar. Cuando ‘Yoyo’ se enteró, acusó a mi familia de secuestro y luego trasladó a la niña a un hospital privado desde donde la sacó para llevársela a Japón”. Luego de ser deportada a Chile, tras su frustrado intento de entrar a Cuba para impedir que ‘Yoyo’ sacara a la niña, Yamila decidió seguir a su hija a Japón. “De iglesia en iglesia, me encontré con un sacerdote que se llama Pepe López y le dije: ‘No estoy bautizada, nací en un país comunista y nunca entré a una iglesia. Tengo que haber hecho algo muy malo en la vida para que me esté pasando esto’. El me ayudó para contactarme con otro padre en Japón y fue así como me consiguieron alojamiento en un convento de mercedarias por 15 días. Me terminé quedando un año y bautizándome”, cuenta Yamila. Durante el tiempo que permaneció en Japón sólo pudo concretar dos encuentros con Emeri. “Allá es casi imposible ver a un niño en estas condiciones. Pude verla solamente en agosto, cuando llegué. Fue en una corte de mediación, durante una hora. Ahí ya estaba la madrastra. La segunda vez la vi en diciembre, por media hora. Después de esos encuentros tuve que salir de Japón porque se me venció la visa. Me fui a Corea para poder volver a entrar y, cuando lo logré, en emigraciones me preguntaron por qué quería ingresar. ‘Tengo una hija acá’, les dije. Pero Emeri ya aparecía en los registros como hija de Yukiko Ogane. Tuvieron que buscar mucho en los registros, porque sólo figuro como madre natural. Es muy triste, pero estoy confiada en que pronto podré reencontrarme con Emeri. Sé que recuperaré a mi hija”, concluye. |
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